jueves, 22 de octubre de 2015

UN ENFOQUE A LA PERSPECTIVA QUE DEBE TENER EL MAESTRO GONZAGA AL AÑO DE LA ECOLOGIA INTEGRAL.

Una de las  demandas apremiantes que el maestro tiene es la responsabilidad de develar ante sus estudiantes la problemática ambiental. El hábitat del ser humano ha venido sufriendo, por muchos años, de maltrato y abuso; la naturaleza, como recurso, al ser usada de manera irresponsable, ya no puede declararse inagotable sino en peligro de extinción, sin que los seres humanos hayan podido percatarse de su evidente detrimento. Todas las acciones, protocolos y campañas han sido insuficientes a la hora de dimensionar el daño causado al medio ambiente. El empleo de biocombustibles, el reciclaje, el ahorro de agua y energía, las tendencias protectoras y las tecnologías Green no son otra cosa que la excusa para expiar toda culpabilidad frente al mal uso del único recurso vital para la subsistencia.[1]

El cambio más radical que cabe imaginar en la condición humana sería la emigración de los hombres desde la Tierra a otro planeta. Tal acontecimiento, ya no totalmente imposible, llevaría consigo que el hombre habría de vivir bajo condiciones hechas por el hombre, radicalmente diferentes de las que le ofrece la Tierra. Ni labor, ni trabajo, ni acción, ni pensamiento, tendrían sentido tal como los conocemos. No obstante, incluso estos hipotéticos vagabundos seguirían siendo humanos; pero el único juicio que podemos hacer con respecto a su “naturaleza” es que continuarían siendo seres condicionados, si bien su condición sería, en gran parte, auto-fabricada. (Arendt, 1958,  p.  24).

Pensar en nuestra responsabilidad como pobladores del planeta nos hace culpables del daño que, en mediana o grande medida, hemos causado; en razón a lo anterior, debemos asumir el compromiso, como maestros investigadores, de fomentar hábitos que lleven a una profunda toma de conciencia y de respeto por la naturaleza, pues, aunque en esencia nuestros educandos hacen lo que ven en otros, no es solo el ejemplo el que arrastra, sino la voluntad y la evidencia de  que este territorio que no poseemos, que nos ha sido prestado para sobrevivir, nos grita desesperadamente por su preservación.

Como maestros estamos en capacidad de plantear preguntas en relación con la crisis ambiental, directamente relacionada con la incapacidad de optimizar los recursos una vez finalizada su vida útil (chatarra electrónica); también podemos plantear teóricamente un sinfín de estrategias para impactar el medio en que nos desenvolvemos, pero en realidad es poco lo que hacemos en la práctica cotidiana; el desarrollo de un pensamiento ambiental y de competencias para la preservación del medio ambiente, son procesos que continuarán en discusión, y no se trata solo de teorizar, sino de asumir cambios reales en pro de los recursos futuros de nuestra especie.

El adagio cartesiano de la posesión de la naturaleza no define las condiciones del dominio de un “objeto” tan vasto. Ciertamente el pedazo de cera es un objeto, pero ¿la “naturaleza”, pero el mundo, lo son verdaderamente? Esta misma recomendación de dominio se inscribe, por otra parte, en el lento desplazamiento histórico de la vieja partición estoica de las cosas que dependen de nosotros y de las cosas que no dependen para nada. (Serres, 1998, p. 6)

La artista Yoko Ono representó dramáticamente en uno de sus trabajos la situación actual del medio ambiente: Los árboles, dentro de cajones hechos de la misma madera de sus cortezas, ilustran bellamente el nivel de daño causado por el ser humano a la naturaleza y enmarcan la idea de concebir un renacer de la naturaleza, cuando vemos cómo un pequeño árbol nuevo asoma desde dentro del cofre fúnebre. Nuestras concepciones mundanas, consumistas y cómodas nos han llevado al desconocimiento y a la ignorancia de nuestra responsabilidad sobre este vital asunto global y, en consecuencia, es menester asumir, de manera decidida, el rol como ciudadanos del  mundo y usuarios de una naturaleza que, por no ser nuestra, no tenemos derecho a destruir.
¿Podremos algún día habitar poéticamente la tierra? (Morín, 2004)




                                                                                                                

[1] Alusión a lo que Carl Sagan denominó El Puntito Azul y Pálido.



                                                           ANA SORAMY CRUZ MEJIA